El amor de un enano | Relatos Kiliel

 

Por más que lo había intentado, Tauriel seguía en su cabeza. La conversación que tuvo con ella la noche anterior seguía dando vueltas en su mente. Su manera de ver las cosas le había impresionado más de lo que esperaba de alguien como ella, aunque desde el primer momento le impresionó su puntería y su manera de manejar el arco. Nunca le habían llamado la atención las elfas y las historias sobre la pérdida de la Montaña Solitaria no ayudaba, pero descubrir a alguien como ella provocó que cambiara su opinión.

Sacó del bolsillo el talismán que su madre le regaló y lo miró con una sonrisa. Recordó de nuevo aquel momento en el que pretendió asustar a la elfa inventándose lo de la maldición, también el momento en el que le aclaró que solo era un regalo, una promesa hecha a su madre. Gracias a su pequeña broma había conseguido llamar un poco más la atención de Tauriel, que le dedicó una pequeña parte de su tiempo esa noche. Jugó con la piedra en sus manos manteniendo sus cinco sentidos en ella, pues no quería que sucediera lo mismo que la noche anterior. Lo último que quería era perderla…

— ¿Te gustaría acompañarme?

Kili levantó su mirada de la piedra y giró la cabeza para encontrarse con los ojos de Tauriel sobre él. Los del enano brillaron al encontrarla tan hermosa como la primera vez que la vio.

—No creo que debas ponerte en evidencia por mí ante tu rey —respondió.

Lo que más deseaba, no obstante, era acompañarla a donde quiera que le llevase. Ella sonrió levemente antes de acercarse un poco más a los barrotes para decirle en voz baja, consciente de que alguno de los suyos podría enterarse si la alzaba más de la cuenta, el lugar al que pretendía llevarle.



Les costó salir de la morada sin ser vistos, pero Tauriel estaba acostumbrada a escabullirse del lugar sin ser vista. Una vez fuera, llegaron a uno de los pocos claros del Bosque Negro y ella se detuvo, haciendo que Kili también lo hiciera.

—Suelo venir aquí algunas noches para observar el cielo estrellado —Su voz sonó aterciopelada y armoniosa.

El silencio se hizo entre ellos mientras ella miraba las estrellas y él mantenía sus ojos sobre la elfa. Kili notó como si un grupo de humanos a caballo marcara el ritmo galopante de su corazón, alborotado ante la presencia de Tauriel. ¿Podía ser eso el principio de un amor profundo e intenso? El enano no conocía la respuesta a esa pregunta, pero no le importó. Lo que más quería en ese instante era permanecer con ella durante todo el tiempo posible. Que la noche no avanzara ni diera paso al día que los separara de nuevo. Tauriel bajó la vista hacia Kili, sorprendida al saberse observada por él. Sin embargo, no le incomodó, pues ella misma sentía cierta fascinación por ese enano que había osado provocarla en el momento de su encierro. Aunque lo que más le agradó de él fue descubrir aquella nostalgia que escapaba de sus labios cada vez que hablaba sobre algún lugar o hecho acontecido en su pasado.


Kili entonces observó el cielo nocturno y la belleza que irradiaban las estrellas. «Son memoria…», recordó que le había dicho la noche anterior. Se dio cuenta de lo pequeño que se sentía ante ellas y el mundo en el que vivía. Más pequeño de lo que su estatura mostraba ante los demás. Si no fuera un enano, ¿hubiera pensado siquiera en besarla? ¿Pretendía intentarlo en algún momento? Era consciente de que, siendo prisionero junto al resto de La Compañía, no tendría ninguna posibilidad real con ella.

—¿Por qué me has traído hasta aquí? —preguntó Kili sin saber aún por qué se había tomado tantas molestias con él.

—Quería que sintieras el calor de las estrellas —Fue la respuesta de Tauriel.

Ninguno de los dos agregó nada más, solo se limitaron a mirar al cielo nocturno. Cada uno pensaba en algo diferente: ella en la conversación con Thranduil y su sugerencia de que no ilusionara a Legolas, en la conversación con Kili y en ese momento que estaban compartiendo; él en la sonrisa de Tauriel y en la pasión que mostraba cada vez que hablaba sobre las estrellas. Ella bajó sus ojos hacia él justo cuando él quiso fijar los suyos en el bello rostro de la elfa. Durante unos instantes permanecieron así, mirándose el uno al otro. Apenas habían pronunciado palabra, pero no les hacía falta para disfrutar el uno del otro.

—Volvamos antes de que descubran que no estás —sugirió Tauriel al darse cuenta del tiempo que había pasado desde que se habían ido de la morada.

Kili asintió y la acompañó sin perder detalle de su perfil. Sonrió inconscientemente y dirigió su mirada hacia el frente. Cuando llegaron de nuevo a los calabozos, él entró y la elfa cerró de nuevo. Como si nada hubiera sucedido. Como si nada hubieran sentido.

Espero que te haya gustado este relato como aperitivo de los que vendrán a partir de septiembre. 
No olvides dejar tu opinión en los comentarios.



4 comentarios:

  1. Aiisssss, hace poco terminé de leerme la trilogía de ESDLA (tardé un año, mamma mía) pero El Hobbit aún no he tenido la oportunidad de empezarlo, y como las películas tampoco las he visto *porfis, no me mates... en verdad he visto trocitos, es que soy muy culo inquieto* no conozco a los personajes de Tauriel y Kili. Eso sí, tu relato me ha parecido precioso, lleno de sentimiento <3
    ¡Un besazo!

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    1. ¡Hola! Pues no me extraña, la verdad jejeje. Yo creo que dejaré que pase un poco más de tiempo antes de ponerme de nuevo, ya que lo intenté hace años y no pude continuar mucho... El libro que sí he leído es El Hobbit y antes de que estrenaran la primera película. Tranquila que no te mato jajaja, muchas gracias por tus palabras, espero que te anime a leer el libro y ver las películas ;D. Me alegra que te guste.

      Saludos <3

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  2. Mar Jurado12.7.17

    Qué bonito Rocío!
    Me encantan los dos,y las películas del Hobbit.
    Espero que nos sigas dejando relatos como estos tan bonitos para seguir disfrutando.
    Gracias guapa:)

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    1. ¡Muchas gracias! Me alegra que te guste :)
      Y claro, a partir de septiembre espero que lleguen más jeje.

      Saludos <3

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